Zakarin gana en Imola y Contador pone a prueba a Aru y Porte

A Vittorio Adorni, un ciclista y un filósofo del ciclismo, le proclamaron hace un par de días doctor honoris causa por la Universidad de Parma, su ciudad, y de rodillas bajo un paraguas se presentó en la salida de Forlì a sus pies Philippe Gilbert, otro campeón del mundo. Quería saber el belga qué tenía que hacer para ganar la etapa, que terminaba en el autódromo de Monza, el de Enzo y Dino Ferrari, allí donde Adorni se había vestido de arcoíris en 1968. Quizás en vez de revelarle sus secretos a Gilbert, Adorni, aquel ciclista del Salvarani de Gimondi que ganó el Giro del 65 también y que también enseñó a Merckx a ganar su primer Giro con el Faema, debería haber hablado directamente con Valerio Piva y Fabio Baldato, los directores de su equipo, el BMC, que después de controlar la fuga en el diluvio, agotados, decretaron barra libre de movimientos en los kilómetros decisivos del circuito.